21.3.14

1 mes y 10 días...

Hace 1 mes y 10 días que no nos veíamos.
Hace 1 mes y 10 días que no nos saludábamos.
Hace 1 mes y 10 días que me dijiste que ya no sentías lo mismo por mí.
Y hoy, hace ya algunas horas, nos volvimos a ver.
Ya sabíamos que nos íbamos a ver, y los dos intentamos planificar cómo sería.
Intentamos planificarlo pero sabiendo que, de todos modos, sabíamos que no lo sabríamos.
Pensé que, si vos eras de una manera, yo debía actuar de tal modo. Que si vos eras de otra manera, yo debía actuar de tal otro modo…
No sabía si serías buena, mala, amigable, negadora, estarías con ganas, no tendrías ni ganas…
Simplemente, no sabía.
¡Y llegó el momento!
Pasé charlando con un compañero por al lado tuyo mientras vos hablabas por teléfono.
Nos vimos, nuestro compañero te saludó como correspondía y me tocaba hacer lo propio.
Me acerqué a vos, acerqué mi cara hacia la tuya mientras giraba mi cabeza hacia la izquierda para saludarte con la mejilla derecha, y vos tenías el teléfono de ese lado, lo que provocó que intentaras girar la cabeza hacia ambos lados, confundiéndome y haciéndome hacer lo mismo, al mismo tiempo.
Ese movimiento de cabezas a tan poca distancia, causado por el saludo fallido, también creó la sensación de no saber si habías pensado en darme un beso en la boca, si fue un acto fallido de ese inconsciente tuyo o si fue, realmente, una casualidad por el no saber con qué mejilla saludarnos.
Si bien fue una situación un poco extraña que me dejó pensando, enseguida tuvimos que entrar a clase.
Sí, ya sé. El desafío a largo plazo.
Pero no sufrí. No me dolió. No me distraje, no me detuve a mirarte ni pensé en tu presencia en el aula.
Durante las 3 horas que compartimos, realmente no sentí ningún deseo por vos.
Me sentí bien, contento, tranquilo, y en ningún momento me desesperé por nada.
Estaba concentrado en la clase. En la primera clase del año. En la primera clase de la primera vez que curso el segundo año de algo desde la secundaria.
Estaba en otra.
Y ahora, estoy en casa, relajado, escuchando Jorge Drexler y, cuando estoy ya pensando en ir a dormir, tengo la necesidad de escribir estas palabras.
Estas palabras que, serán cortas, serán poco explicativas, serán lo que vos quieras, pero no pueden ser para nadie más que para vos, la que tanto me inspiró, la que tanto me apoyó, la que tanto apostó en mí, la que tanto tiempo invirtió en mí y la que tan profundo me llevó. La que me tan naturalmente me sedujo y la que tanta energía me hizo gastar en ella. Energía que podría haber racionado y utilizado en quien habías apostado, es decir, en mí.
Pero no.
Tenía que ser tan bueno, tan romántico, tan dulce… y tan poco egoísta…
Tenía que gastar mi energía en un solo objetivo: vos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario